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12/5/2011

NORMAS Y CONSECUENCIAS

NORMAS Y CONSECUENCIAS EN LA FAMILIA
El proceso de apropiación de las normas
En la medida en que el niño y la niña crecen, las normas y condicionamientos impuestos por los adultos van siendo interiorizados y se obedecen primero de manera bastante rígida (por el esfuerzo por ser apropiadas) y luego con mayor flexibilidad. En la adolescencia son puestas en tela de juicio con particular intensidad para ser reapropiadas de manera más autónoma y personal. Se espera que en un niño o niña de 7 años ya que esté desarrollado lo básico del mecanismo psicológico de autocontrol que se va haciendo cada vez más flexible y maduro.
Ventajas del establecimiento de normas
El establecimiento de normar que faciliten la convivencia dentro de un ambiente participativo se justifica por varias razones:
Dan seguridad emocional al niño o niña: al existir normas claras, no excesivas, los niños (as) se sienten en un ambiente estructurado y estable en el cual sabe lo que se espera de ellos y de las personas que los rodean. Sienten que los adultos a su alrededor se interesan por ellos.
Permiten la convivencia: cuando no existen límites y normas que regulen la convivencia, ésta se hace más difícil.
Facilitan el aprendizaje social: el marco de un ambiente de convivencia donde existen reglas de relación, facilita a los niños y niñas el aprendizaje de las normas sociales que pueden ser apropiadas de manera flexible, clara y crítica.
Permiten el desarrollo del autocontrol: la existencia de normas claras, suficientes y flexibles ayudan al niño y niña a adaptarse a las condiciones de la realidad y hacen que paulatinamente disminuya el dominio exclusivo de sus impulsos. Esto facilita el desarrollo del autocontrol, de la tolerancia a la frustración, de la expresión pertinente de emociones.
Características deseables del establecimiento de normas:
Para que las normas establecidas contribuyan a los cuatro aspectos mencionados es necesario que cumplan con ciertas características:
Deben responder a principios claros de los adultos: tanto en la familia cono en la escuela, las normas son establecidas en un principio por los adultos aunque posteriormente deben ser pactadas. Entonces, es vital que los adultos reflexionen sobre el sentido de cada norma, para evitar la imposición de una serie de reglas vacías de significado y que respondan simplemente a la repetición de patrones de crianza de su infancia. Esta reflexión consciente ayuda mucho a los padres, madres y profesores a tomas conciencia sobre lo que desean en la educación de los niños y niñas. Un ejemplo que puede ayudar a entender esta característica es el siguiente: una señora consideraba que era de buena educación cortar las cuatro puntas de la carne asada antes de servirla a la mesa porque había visto que su madre siempre lo hacía de esa forma.
Al indagar sobre la razón de esta costumbre, descubrió que su madre tenía un asador muy pequeño del cual siempre se salía la carne y se quemaba sus puntas, las cuales cortaba. Su hija aprendió que las puntas de la carne se debían cortar, pero nunca supo la razón y siguió repitiendo la costumbre que se convirtió en norma de buena educación.
En general las normas deben servir para:
. Facilitar la vida y la convivencia en la familia
. Para ayudar al niño o niña a aprender ciertos hábitos que les permitan valerse por si mismos.
. Para aprender a respetar a las demás personas empezando por las de su familia.
. Para enseñar las actitudes de colaboración en la casa
. Para que el niño o la niña sepa qué esperan su madre y su padre de él o ella.

No deben ser excesivas: las normas no deben ser muchas, pues de ser así los niños pasarán mucho tiempo haciendo oficios y tareas y no podrán descansar y jugar, lo cual es un derecho de la infancia. Cuando el niño en la casa sólo oye de normas y deberes, posiblemente no pueda cumplirlos todos o se siente tan cansado de cumplir reglas y oficios que termina haciéndolo mal o cumpliéndolos parcialmente. Los adultos deben pensar cuáles son los más importantes y poder sólo los que los niños y niñas puedan cumplir sin estar agotados.

Deben ser claras tanto para los adultos como para los niños: para que las normas de convivencia puedan ser seguidas por adultos, niños y niñas, es necesario que todos las conozcan y las entiendan. Pero es el adulto quien primero tiene que tenerlas claras para poder transmitirlas correctamente. Si hay una reflexión sobre el sentido de la regla, es clara para los adultos y así se transmite a los hijos e hijas. La claridad en las normas debe reflejarse además en el comportamiento del adulto: si el respeto por las demás personas es una norma, el adulto debe seguirla al tratar a sus hijos y no debe gritarlo, ni insultarlo; ni golpearlo y, en cambio, escucharlo. El comportamiento del adulto es un espejo importante de la claridad que tiene de las normas familiares.

Deben ser posibles de cumplir para el niño o niña según su edad: las normas no deben ser las mismas para todas las edades. Las normas deben ser posibles de cumplir de acuerdo con la edad del niño o niña. Por eso, debe pensarse con cuidado qué tipo de exigencias se les hacen a medida que crecen. De esta manera se están respetando los derechos infantiles.

Deben acordarse con los niños y niñas desde que tienen cinco años: los adultos acostumbramos a poner normas a los niños y niñas pensando que ellos no saben qué les conviene. Si bien es cierto que tenemos más experiencia, ellos y ellas también pueden opinar sobre los asuntos que tienen relación con su vida. Por eso es tan importante hacer acuerdos de las normas con los niños y niñas, y aún más con los adolescentes. Esto no significa que ellos y ellas impondrán su parecer a los adultos. Significa más bien que los adultos les explicamos nuestras intenciones acerca de alguna norma y la discutimos con ellos. Por ejemplo: si se considera importante que los niños y niñas tengan un horario para ir a dormir, se conversa con ellos para que entre todos se aclaren las ventajas de esos horarios y se oyen propuestas acerca de las horas más adecuadas. Se pueden establecer horarios diferentes según las edades de niños y niñas, las horas de levantada o los ritmos de sueño de cada cual. Además, se puede flexibilizar la norma para los fines de semana. Y entre todos se toma la decisión. Esto facilita la participación de los niños y niñas en asuntos que les competen, estimula su capacidad de decisión, les hace sentirse escuchados y reconocidos y facilita su desarrollo como seres que viven en comunidad. Todo lo anterior implica que se piensa a los niños y niñas como sujetos capaces de participar en decisiones sobre su vida.

Deben explicárseles a los niños y niñas desde los dos o tres años: En el contexto del punto anterior es importante que entiendan para qué sirve cada norma porque de esta manera es más fácil hacer acuerdos. Por eso, los adultos deben comunicarlo en un lenguaje sencillo acorde con la edad. Por ejemplo, a una niña de dos o tres años se le explica que en la noche se recogen los juguetes para no tropezarse. Cuando va creciendo, se le dice que si las cosas se guardan en un sitio, es más fácil encontrarlas después. Cuando entiende la importancia de las normas, será más fácil acordarlas y seguirlas.

Deben permitir la flexibilidad: las normas deben adecuarse a las circunstancias relacionadas con el niño o niña, de modo que en ciertos casos, pueda entenderse su incumplimiento. Esta flexibilidad no significa que las normas se cambian fácilmente. Hay algunas que deben cumplirse todos los días: hacer la tareas antes que jugar o ver televisión, levantarse con tiempo para poder llegar al colegio, lavarse los dientes antes de acostarse, hablar sin gritar a otras personas. En ocasiones, algunas normas pueden ser modificadas. La flexibilidad es entender que ciertas circunstancias pueden impedir o dificultar el cumplimiento de la norma. Por ejemplo si su hijo está mal académicamente, tendrá que estudiar más y entonces por unos días no podrá ver televisión. Si permanentemente hay circunstancias especiales que cambian la aplicación de la norma, esto puede ser indicativo de inconsistencia y no de flexibilidad, lo cual genera confusión en los niños.

Deben establecerse en un ambiente de afecto e interés por los niños y por la convivencia: las normas no se establecen para facilitar la vida del adulto; son necesarias para que el niño o niña aprenda a vivir con otros de una manera tranquila, para facilitar la convivencia y el desarrollo del autocontrol. Se debe pensar en el bienestar infantil y no en la comodidad del adulto que necesita que le ayuden con los oficios de la casa o con una vida tranquila y sin molestias.

Las sanciones o consecuencias ante el incumplimiento de las normas

Los niños y niñas incumplen las normas, así como los adultos. En muchas ocasiones un breve y cordial llamado de atención y una explicación por parte del adulto es suficiente para que el niño o niña se corrija. Pero cuando la norma que se incumple es muy grave o se la incumple muchas veces, deben establecerse sanciones o consecuencias que ayuden al niño o niña a entender la importancia de su cumplimiento.

En cada sociedad existen una serie de normas y de consecuencias que hacen la vida ordenada. Por ejemplo: si los bancos tienen un horario fuera del cual no hay posibilidades de atención presencial para el ciudadano. Si una persona quiere hacer una transacción en la oficina de su banco debe tener en cuenta ese horario, porque si acude después tiene una consecuencia: no lo atienden así llore y tenga una situación urgente. Pero para que se eviten castigos autoritarios y excesivos, es necesario que las sanciones o consecuencias sean:

Claras: el niño y niña deben saber que tipo de consecuencias o sanciones tiene el incumplimiento de ciertas normas y debe conocerse claramente cuáles son y en qué consisten.

Coherentes y relacionadas con el incumplimiento de la norma: las consecuencias o sanciones deben relacionarse con la norma incumplida. Algunos ejemplos de consecuencias o sanciones relacionadas son:
a. Si no se recogen los juguetes, estos se guardan por un tiempo (que varía según la edad del niño o niña).
b. Si no se hacen las tareas en la semana, el sábado en la mañana deben adelantar tareas o un trabajo escolar extra.
c. Si agrede a alguien, además de ofrecer excusas, debe hacer un favor que suponga esfuerzo importante para el niño o niña o que ayuden al agredido.

Entonces, si la sanción tiene relación con la falta, el niño o niña puede pensar más claramente sobre lo que no debe hacer y sobre el daño que se causa a sí mismo o que le hace a otra persona.

Cortas: Las consecuencias o sanciones no deben ser muy largas y su intensidad o duración depende de la edad. A los ocho años, dejarlos sin televisión todo un semestre es excesivo; a los tres años dejar quieto a un niño en su cama por una hora es demasiado. Cuando las sanciones son tan largas, los niños y niñas al poco tiempo olvidan cuál era la falta y vuelven a incumplir la norma. Además los padres y madres terminan incumpliendo la sanción porque se dan cuenta que no sirve para corregir el comportamiento.

Reparadoras: con frecuencia se piensa que los castigos deben “dolerle” al niño o niña, porque sólo si hay dolor van a cambiar su comportamiento. Sin embargo, se olvida en la mayoría de las ocasiones niños o niñas no quieren hacer daños ni actúan con mala intención. Cuando se les castiga con una sanción dolorosa (como un golpe, un grito, dejándolos encerrados) se sienten culpables por haber actuado mal y el castigo no les quita ese sentimiento. Entonces es importante que las sanciones les enseñen a reparar o arreglar los daños causados con su comportamiento (con o sin mala intención).

Puestas en ambiente de tranquilidad: además de las características anteriores es importante que cuando se incumple una norma, la sanción se ponga con una actitud tranquila por parte del adulto, quien tiene como objetivo ayudar al niño o niña a entender lo que pasa con su comportamiento y no descargar su desesperación y su ira. Todas estas características deben aplicarse en un ambiente de afecto y aceptación del niño y niña, de modo que no sientan que está siendo permanentemente regañados o castigados y perciban rechazo de los adultos. Siempre se deben tener en cuenta los sentimientos de los niños.
Para que pueda cumplirse esta característica, se recomienda que en el momento de poner la sanción el adulto:
a. Haya podido controlar su rabia
b. Piense que la sanción no debe causar dolor al niño o niña sino hacerlo pensar.
c. Hable con voz tranquila para que el niño o niña no sienta que el adulto lo rechaza.

El siguiente texto retoma parte del texto del Manual para agentes educativos para trabajar con padres y madres. ISAZA MERCHÁN, Leonor. Sin golpes, ni gritos, Descubriendo la crianza positiva”. Save The Children Reino Unido. Bogotá abril de 2006.

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